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Prometí que volvería a escribir cuando consiguiera sentir este lugar como mi casa. Creo que lo sentí al día siguiente de escribir la anterior entrada y hasta hoy ni me he acordado del blog. Bournemouth es tan acogedor que asusta. Me siento en casa. Poder vivir esto es increíble.
Desde Bournemouth Quiero escribir pero se me hace un poco difícil pensar en todas las cosas que han cambiado en mi vida en una sola semana. Lo dejo para cuando pueda explayarme. Cuando decimos que la gente no cambia los científicos se echan las manos a la cabeza, porque el cambio es la única constante en la ciencia. La energía, la materia siempre están cambiando. Metamorfoseándose, fusionándose, creciendo, muriendo. Lo antinatural es que las personas intentemos no cambiar que queramos aferrarnos a como era todo antes en vez de dejar de ser como es. Que queramos aferrarnos a viejos recuerdos en lugar de generar otros, que insistamos en creer que pese a los indicios científicos todo en la vida es permanente. El cambio es constante como vivamos ese cambio depende de nosotros. Puede parecernos la muerte o una segunda oportunidad, si nos relajamos y nos dejamos llevar puede parecernos pura adrenalina. Como si en cualquier momento tuviéramos otra oportunidad, como si en cualquier momento ...
Antonio Machado, Ligero de equipaje... Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, y un huerto claro donde madura el limonero; mi juventud, veinte años en tierras de Castilla; mi historia, algunos casos que recordar no quiero. Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido —ya conocéis mi torpe aliño indumentario—, más recibí la flecha que me asignó Cupido, y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario. Hay en mis venas gotas de sangre jacobina, pero mi verso brota de manantial sereno; y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina, soy, en el buen sentido de la palabra, bueno. Adoro la hermosura, y en la moderna estética corté las viejas rosas del huerto de Ronsard; mas no amo los afeites de la actual cosmética, ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar. Desdeño las romanzas de los tenores huecos y el coro de los grillos que cantan a la luna. A distinguir me paro las voces de los ecos, y escucho solamente, entre las voces, una. ¿Soy clásico o románti...
Hablo mucho de echo no paro, pero siempre que me pongo a escribir pienso en todos esos libros de miles de hojas y me parece imposible contar una historia tan detenidamente. Soy incapaz de escribir con tiritas. Cuando escribo todo me sale resumido. Hoy ha sido un día increíble, hasta que llego a casa y me doy cuenta de que soy una enamorada de la vida. Que la veo simple y llana, solo quiero ser feliz, con lo que haya. Tal vez más adelante no me conforme con eso pero hoy si. Quiero poder vivir en un sitio que me de el solillo muchos días al año, con el amor de mi vida y mis niños, muchos niños dando por saco en la playa, currar de lo mío y si no me puedo dedicar a ello a algo en el que la gente que este a mi alrededor solo me proporcione una sonrisa. Pido mucho pero si lo pienso no es tanto. Lucharé por ello, me lo prometo. Si no lo hago siempre me arrepentiré y eso es una cosa que Sara Coterón no hará.
Mi memoria es como la de un pez. No me acuerdo de nada, pero es impresionante la capacidad que tengo de borrar todo lo malo de mi memoria. Borro absolutamente todas mis meteduras de pata de mi mente. Por eso me aguantan, cero rencor. Ganas de discutir siempre tengo pero es la incapacidad total de poder hacerlo lo que me lo impide, si han pasado más de 48 horas desde la discusión se acabó, desaparece de mi cabeza.
El rechazo nos hace pequeñitos. En cuanto pise Inglaterra haré lo que me apetezca en cada momento, y no pensaré -y si mañana...?
No sé si acabaré dedicándome al cine, ojalá, o la vida me tiene preparado otro camino pero esto me aporta mucha felicidad.